DEFENDER LA ALEGRÍA, ORGANIZAR LA RABIA: en honor a kukutza

El artículo que tenéis a continucaión es una entrevista a una de la militantes del Movimiento Okupa de Madrid. Desgrana las principales bases sobre las que se sustenta esta acción transformadora. Lo cierto es que llevaba algunos días en nuestro cajón de sastre con el fin de ser publicado y no encontraba el momento. Pues ahora es el momento, cuando Kukutza ha sido desalojado de manera brutal y sin vergüenza, Goitibera decide rendir su pequeño homenaje: DEFENDER LA ALEGRÍA, ORGANIZAR LA RABIA.

El movimiento okupa lleva algunas décadas considerado como una realidad tabú e incluso particular. Nadie se plantea que la okupación corresponde a una alternativa y mucho menos a un compromiso, una militancia o una acción transformadora. Pese a todo y dejando de lado la forma en la que se quiera “juzgar” lo cierto es que va avanzando en organización y en discurso político de forma arrolladora sobre todo en Madrid, donde el Movimiento Okupa es todo un símbolo y una pieza clave de los movimientos sociales y acciones alternativas. Para desgranar cierto aspectos hablamos a título personal con Sara López, una de las integrantes de dicho movimiento.

¿Crees que el movimiento okupa constituye una alternativa y actúa
como una acción transformadora?

El movimiento de okupaciones trabaja en dos frentes: las okupaciones de viviendas y las okupaciones de centros sociales. En el primero de los casos, efectivamente, se intenta plantear la okupación como una alternativa a la vivienda alquilada o en propiedad, desde un doble argumentario. Los altos niveles de precarización a los que se enfrentan importantes sectores de la población, que impiden seriamente el acceso a uno de los derechos recogidos en la constitución (art. 47), que es el de la vivienda digna; por otro, la denuncia de los procesos especulativos, en los que se sustenta una parte importante del PIB, que hacen que sólo en la comunidad de Madrid haya más de 300.000 viviendas vacías. En ese sentido, sí que se plantea la okupación como “alternativa” a situaciones generalizadas en las que es imposible pagar un alquiler, con casi 5 millones de parados y precios crecientes.

En lo que respecta a los centros sociales se busca no sólo profundizar en la denuncia anti-especulativa, por la que se busca generar de manera intencionada declaraciones de ruina en grandes edificios que así se revalorizan para poder ser sacados a mercado con precios más altos. A la vez, se reivindican esferas públicas -espacios para el debate político, pero también para el ocio, que no estén mercantilizadas, en las que no haya que pagar entrada o consumir para poder estar, en una crítica clara a la privatización progresiva de los espacios públicos.

Entiendo que ambas vertientes plantean alternativas a formas de entender no sólo formas de vida, sino también gestiones colectivas de los lugares de encuentro, regidos por lógicas de mercado que generan exclusiones. Suponen, además, prácticas cotidianas de autogestión y de horizontalidad, no sólo en lo que respecta a su consecución (“los derechos se toman, no se piden”) sino también a su mantenimiento y reproducción (gestión asamblearia, sin filtros de acceso, sin verticalidades en la toma de decisiones…), lo que necesariamente tiene un impacto transformador en la vida de la gente que participa de ellos.

¿Cual es a tu modo de ver el posicionamiento político actual del movimiento? o cual debe ser? ¿Qué importancia tiene ese posicionamiento político en el movimiento?

Entiendo que los dos grandes ejes del posicionamiento político del movimiento (apartidista), que escapan necesariamente a las lógicas convencionales son:

-La desobediencia civil: en el conflicto entre legalidad y legitimidad, se opta por la segunda, autoconfiriéndonos el derecho a desobedecer leyes injustas. Es una idea que tiene un largo recorrido histórico pues la propugnaron Gandhi, pero también Thoureau y Luther King. Está en la base del movimiento pro-derechos civiles norteamericano, con la primera Rosa Parks que se niega a cederle su asiento a un blanco en un autobús en
1955; en las autoinculpaciones colectivas del movimiento feminista en las campañas por el derecho a decidir y la autogestión de la maternidad; en las campañas del movimiento objeción de conciencia contra el servicio militar obligatorio… está en la base, además, de la Declaración Universal de Derechos Humanos, que proscribe la obediencia debida ante vulneraciones de derechos fundamentales.

-La acción directa: la actuación sin mediaciones, tomar y no pedir, orientado a poner sobre la mesa la crisis del sistema de legitimidad que construyen las instituciones que se dicen públicas, pero que no garantizan derechos fundamentales.

Esas se pueden decir que son las dos grandes líneas que definen el planteamiento político del movimiento.


– Okupar hoy…

Es una demostración cotidiana de derechos. A la vivienda, a la participación política, a la libertad de expresión, a la reunión… Los tres últimos, como derechos fundamentales que son están especialmente protegidos en el ordenamiento jurídico, y no se hacen efectivos por la vía ejecutiva. La okupación los pone sobre la mesa, negro sobre blanco,
de manera incontestable. Honestamente, creo que además implica un cierto grado de valentía: la última reforma del código penal establece hasta dos años de cárcel para las
penas por delitos de usurpación…

Y es además una apuesta cotidiana por la decisión de tomar las riendas de la propia vida. Por el desafío que implica, por los riesgos que se asumen, por la alta dosis de inteligencia colectiva que requiere, por la dinámica colaborativa que exige… No en vano, otro de los lemas estrella del movimiento dice: “Defender la alegría, organizar la rabia…”

¿Qué es entonces para tí la transformación y la militancia?

Empiezo por el final. La militancia es una toma de posición, que vertebra el esquema vital, es una concepción del mundo, un modus vivendi. El primer gran aprendizaje de la militancia presupone un golpe en la lógica sistémica; dedicar tiempo a actividades que redundan en dinámicas colectivas, escapando a la lógica de mercado que estipula un precio por hora de trabajo. Supone entender la vida como algo que tiene dimensión colectiva, que requiere de los otros para poder funcionar (el viejo lema del movimiento de okupación: “solx no puedes, con amigxs sí”), como esfuerzo que no redundará en beneficios particulares, que no devolverá fama ni reconocimiento, sino bienes comunes (“omnia sunt communia”, que decía Müntzer), que supone la redefinición de plazos y de tiempos (“vamos lentxs porque vamos lejos”) y, por ende, un mayor énfasis en el proceso que en los resultados, alejándonos de la lógica de la eficacia para entrar en lógicas inclusivas, que anticipa lógicas cooperativas a competitivas (“muchas cabezas piensan más que una”)…

Todo eso supone, necesariamente, procesos de Transformación profundos en la vida de la gente. Como decía el Che: “cuando lo excepcional se vuelve cotidiano, comienza la revolución”.

¿Qué lugar ocupa la Autogestión y la colectividad en los centros sociales?

Es la base metodológica del movimiento, más allá de las diferencias ideológicas de sus integrantes. No se concibe una experiencia organizativa que no contemple la horizontalidad como modus operandi, lo que a su vez exige un proceso de aprendizaje interno extraordinariamente intenso: la asamblea es el órgano deliberativo y decisorio por excelencia; las decisiones se toman por consenso y no por mayoría (lo que obliga a debatir hasta la saciedad y a aproximar posturas), las minorías no pueden ser discriminadas. Se sustenta también en el principio de autonomía (cada asamblea es soberana para su toma de decisiones) y en el de confianza (lo que implica saber delegar y desafiar
la lógica individualista en la que hemos crecido). Como decía antes, el proceso y el aprendizaje que supone el tener que flexibilizar, el aprender a escuchar y saber convencer tiene más importancia que los resultados, porque lo importante es llegar juntxs antes que llegar… En términos personales, supone un cambio importante en la manera de ver el mundo; dejar de pensar en una misma y empezar a pensar para todxs es un aprendizaje impagable…

Sara López
Integrante del movimiento Okupa en Madrid