ENTREVISTA A ERNEST CAÑADA, Coordinador de ALBA SUD

ROMPIENDO MITOS SOBRE EL TURISMO Y LOS PAÍSES DEL SUR

“Pasolini decía que, en realidad, la burguesía no era una clase social, sino una enfermedad. Y yo añado: además contagiosa”

Sobre el turismo existen contradicciones y verdades a medias extendidas a lo largo y ancho de nuestro planeta. Una de las grandes mentiras vertidas y asumidas por la población es que el turismo crea riqueza y es una acción positiva tanto para quien la realiza como para el país que acoge. Sobre esto último se ha escrito y debatido mucho en los últimos tiempos, foros e informes dan una visión nada BUENA para el turismo de masas. Desde Goitibera hemos querido saber qué ocurre realmente en esos países que RECOGEN el turismo convencional, cómo lo viven realmente y qué piensan, por ello hablamos con Ernest Cañada sobre los impactos y los conflictos del turismo en Centroamérica.

Ernest Cañada es un apasionado investigador, educador y comunicador social que especializado en el turismo sostenible y el desarrollo rural, nos responde desde Managua (Nicaragua) donde lleva 6 años trabajando para ALBA SUD, plataforma asociativa para la investigación y la comunicación social “la idea es fortalecer organizaciones sociales, la capacidad de análisis y el pensamiento crítico”

Este catalán es considerado una de las personas más activas y controvertidas que actualmente, y a nivel internacional, hablan del turismo y sus consecuencias. Con gran influencia, conoce los entresijos de los impactos en poblaciones de America Latina, su discurso radical le acompaña y es uno de los referentes a nivel mundial. En su mochila lleva una gran experiencia vinculada a las ONGS y la militancia social. El tiempo que fue monitor de Tiempo Libre le valió como aprendizaje sobre la organización social “Difícilmente estaría haciendo las cosas que hago ahora sin haber tenido esa experiencia” comenta.

¿Cómo resumiría lo que significa para usted el turismo clásico o de masas?

El turismo de masas es básicamente un producto del Estado del Bienestar. Sin él es difícil entender la enorme ampliación de la actividad turística. Y lo cierto es que la gente, la mayoría de trabajadores y trabajadoras tienen absoluto derecho al descanso y al ocio. Pero el problema enfrenta múltiples problemas: qué tan concentrados o distribuidos son los beneficios que genera la actividad; qué tipo de desplazamiento implican, tomando en cuenta que la aviación es uno de los principales factores que contribuyen al cambio climático; etc. Pero en realidad, me preocupa mucho más este nuevo modelo de turismo residencial que se ha ido imponiendo en los últimos años, que en realidad, conlleva muchos más problemas que el turismo de masas tradicional. Y sobretodo ha sido un gran fracaso, un desastre social, económico, ambiental, político y cultural.

¿Por qué los países empobrecidos son los principales receptores de turismo? ¿una casualidad?

A medida que la industria turística ha ido turistizando determinados territorios, construyendo un entorno de cemento, estos destinos se han degradan y empiezan a perder valor. Por otra parte, cuando las administraciones públicas han incrementado el control sobre la actividad, o los sindicatos vigilan los derechos laborales, o las organizaciones vecinales o ecologistas presionan ante ilegalidades o abusos cometidos, se reducen las posibilidades de acumulación, de obtener beneficios, por parte de las grandes empresas del sector. Esto las empuja a conquistar nuevos territorios turísticos. Los países empobrecidos van entrando progresivamente en esta dinámica, buscando condiciones favorables para estas empresas: territorios menos conocidos que permiten una imagen exótica, mano de obra barata, políticas favorales por parte de los respectivas empresas,…

Una periodista dominicana en un estudio expone cómo las zonas dónde más turismo existe en su país son las más pobres ¿cómo es posible?

Esta afirmación sale de un trabajo de investigación del PNUD en que se muestra la aparente paradoja de que las provincias con mayor desarrollo turístico son las que tienen los índices de desarrollo humano más bajos. La especialización turística ha comportado un montón de problemas: abandono de otras actividades, migraciones de trabajadores indocumentados para los que no se han previsto infraestructura ni servicios, privatización de las playas, impactos ambientales, difícil inserción de las poblaciones locales en la nueva actividad generada, repatriación de la mayoría de beneficios a las cuentas de estas grandes empresas transnacionales que dominan el sector turístico; crecimiento de la corrupción, etc.

Sobre el tándem turismo y colonización que muchos autores y autoras sostienen ¿qué opina?

El turismo en manos de las grandes empresas transnacionales (cadenas hoteleras, compañías aéreas, tour-operadoras, empresas inmobiliarias, etc.) acaba generando una nueva forma de colonización, poniendo a su servicio los territorios, los recursos naturales, los gobiernos y la gente.

¿Es cierta la afirmación “turismo genera riqueza”?

Depende. Aquí hay un primer problema de definición de qué entendemos por “riqueza”. ¿Es riqueza construir un puerto deportivo donde antes había un puerto de pescadores artesanales? ¿E incrementar la cantidad de suelo construido? ¿Y hacer canalizaciones para llevar el agua potable para regar campos de golf reduciendo su acceso a las comunidades rurales? Y el otro problema es para quien es esa riqueza. ¿Se genera riqueza cuando tras la construcción de un complejo turístico-residencial sólo acceden a él un pequeña minoría de gente rica? La cuestión fundamental es preguntarse cómo se distribuyen socialmente los impactos de la actividad turística, tanto positivos como negativos, y ver si los beneficios se acumulan en pocas manos o son más distribuidos. Lo de que el “turismo genera riqueza” es uno de los tanto mitos que ha construido la industria turística y que, en realidad, dicen muy poco de que ocurre.

¿Qué trabajos se están llevando a cabo desde las comunidades y movimientos de base y procesos de resistencia?

Hasta el momento predominan básicamente las resistencias aisladas de la gente que sufre las consecuencias de un determinado desarrollo turístico. Sigue costando mucho construir alianzas y lograr ampliar la difusión e incidencia. Sin embargo, cada vez son más visibles los conflictos que genera el turismo, y hay respuestas más globales y efectivas. Pongo un par de ejemplos. Greenpeace ha puesto en marcha una campaña de denuncia del proyecto turístico-residencial que impulsa la empresa alicantina Hansa Urbana en México y esto está articulando resistencias de múltiples tipos. En Costa Rica más de cincuenta comunidades costeras impulsan un Frente de Comunidades Costeras que defienden una propuesta de ley de defensa de sus territorios y de la gente que ahí vive frente a la política de desalojo que se está llevando a cabo para favorecer la la inversión turístico-residencial.

¿Y desde la educación para el turismo sostenible?

Aquí es clave la complicidad y compromiso del consumidor. Un cambio de modelo turístico no es posible sin este compromiso activo y responsable de las personas que hacen turismo. Esto no es fácil pero hay iniciativas que están tratando de construir movimiento social en torno a este asunto. Es el caso, por ejemplo, del Foro de Turismo Responsable, que a nivel estatal
agrupa algunas de las principales ONG preocupadas por el turismo. Y es en este ámbito que queda mucho trabajo por hacer de información, sensibilización e incidencia para que realmente hayan las complicidades sociales que puedan sostener un cambio de modelo turístico.

¿Qué tipo de desarrollo promueve este turismo?

Un turismo mucho más arraigado en el territorio e integrado en un modelo de desarrollo más diversificado, que sus beneficios se redistribuyan de forma amplia y no estén tan concentrados, cuyo control esté en manos de la pequeña y mediana empresa local y de las iniciativas de comunitaria o de economía social, que no depende de los mercados internacionales si no que pueda construirse en base a circuitos mucho más cortos, que se cumplan los derechos laborales y normativas básicas en material ambiental, etc. En definitiva, un turismo más controlado y dirigido por las poblaciones locales y que pueda ser disfrutado en primer lugar por los propios sectores populares.

UNA MIRADA CRÍTICA AL TURISMO

Ante el inminente verano, temporada turística por excelencia, quizá sea apropiado hacer algunas reflexiones sobre el viaje y la industria turística.

Las vacaciones fueron un derecho conquistado por los trabajadores en 1936 en Francia con el Frente Popular en el gobierno. La Declaración Universal de los Derechos Humanos recogió el derecho al “descanso, al disfrute del tiempo libre, a una limitación razonable de la duración del trabajo y a vacaciones periódicas pagadas” aunque sin especificar duración. Si las vacaciones son un derecho, no lo es el turismo, que vendría mucho después. De hecho, no fue hasta el despegue económico occidental tras la segunda guerra mundial cuando se sentaron las bases del turismo masivo. Irse de vacaciones se ha convertido en un rito cultural cada vez más central en nuestra cultura. Desde el iniciático viaje de fin de curso hasta el “ir a la playa”, el viaje por placer está estrechamente ligado a nuestra vida cotidiana. La cantidad y calidad de vacaciones son un termómetro inequívoco de nuestra calidad de vida. Cuando vamos de vacaciones “desconectamos” y nos sentimos con derecho a disfrutar y a dejar las responsabilidades en casa. Tal vez por eso, a veces nos olvidamos de que cada viaje es un servicio y el turismo una gran industria global.

De hecho, hoy son casi mil millones los turistas internacionales. Las tendencias apuntan a que el turismo seguirá creciendo intensamente en los próximos años. Sólo si cerramos los ojos o somos muy ingenuos podremos creer que ese crecimiento tan desmesurado y desordenado no acarreará fuertes impactos negativos, tanto socioeconómicos como medioambientales. Lo que es ya una de las industrias más grandes del mundo no puede quedar ajena a criterios de sostenibilidad y responsabilidad social. Si ante la comida, podemos ser consumidores críticos y conscientes ¿por qué no serlo también ante el viaje?

En nuestro país, el turismo se percibe habitualmente como un sector económico benigno gracias al intenso apoyo institucional que ha tenido desde los años sesenta. El régimen franquista, sediento de divisas y legitimidad internacional, dio el pistoletazo de salida al turismo masivo de sol y playa de bajo precio con el Spain is different. Las llegadas de turistas no paraban de crecer y el desarrollo turístico se concentró en la costa mediterránea y las islas. Se nos vendió -y se nos vende- como la solución mágica a todos los problemas. La llegada de divisas y la generación de empleo sirven para justificar un importante gasto público aparejado al turismo: promoción, limpieza, policía, infraestructuras específicas.

Es frecuente que las zonas más vírgenes y bellas se vean inundadas de hormigón y cemento sin ton ni son. El propio destino turístico se devalúa así y se ve obligado a bajar los precios, mientras la industria turística se traslada a otro lugar para repetir el proceso. La realidad es que hoy en día apenas quedan lugares libres de turismo. Un buen ejemplo del mencionado proceso es Cabo Cortés en Baja California, México. Es un lugar de gran valor ecológico protegido por la UNESCO, donde la empresa constructora alicantina Hansa Urbana quiere edificar 10.000 viviendas, dos campos de golf y una marina para 490 barcos. Más cerca, en Marina de COPE, Murcia, se ha desprotegido una de las últimas zonas vírgenes de la península para construir una veintena de hoteles y 9.000 viviendas, seis campos de golf y una marina interior con una inversión de 4.000 millones de euros, todo con la complicidad política del gobierno regional.

En la República Dominicana, el sector turístico está dominado por multinacionales españolas que tienen el “todo-incluido” como modelo de explotación turística. Este modelo reserva para estas grandes hoteleras casi todos los ingresos turísticos. El transporte, el alojamiento, la comida y las excursiones, todo se empaqueta y se vende a un precio competitivo en las agencias de viaje europeas y estadounidenses. Este fenómeno restringe el desarrollo de la economía local, que únicamente se beneficia mediante trabajos poco cualificados. En ocasiones, cuando se construyen hoteles en un destino se acapara tierra, agua y electricidad con la complicidad de los políticos locales en detrimento de la población local, que es incapaz de hacer valer sus derechos. Desde Kabani, una pequeña ONG india se denuncia como en el estado de Kerala se han comprometido recursos de agua para nutrir el crecimiento de la industria hotelera.

Otro impacto negativo invisible es el transporte aéreo, imprescindible para la mayoría de las zonas turísticas. El avión es un contribuyente cada vez más importante al Calentamiento Global. Las emisiones de CO2 de los aviones tienen un impacto casi tres veces mayor que las emisiones en superficie como las de los coches. Incongruentemente, el carburante aéreo está exento de impuestos y no paga ni IVA. Sin embargo, el gobierno español se opone a cualquier tasa al transporte aéreo. De hecho, se llega incluso a subvencionar los vuelos de bajo coste para atraer visitantes a toda costa. Alemania en cambio sí ha creado una tasa aérea. Mientras esto sucede, el transporte más sostenible -tren y bus- paga sus impuestos y acaban saliendo mucho más caros.

El turismo masivo e intensivo genera dependencias que dejan a los países expuestos a las crisis internacionales ya que el turismo es muy sensible a las crisis e incertidumbres. Por poner un par de ejemplos recientes, Túnez y Egipto han visto como una movilización popular ha espantado a los turistas y ha dejado en una profunda crisis a una de sus industrias más prósperas.

Como turistas no podemos cambiar todo, pero sí podemos empezar a fijarnos en qué empresas turísticas actúan de forma más responsable y son más sensibles a los problemas sociales y ambientales. Si no somos concientes de a dónde va nuestro dinero podemos convertirnos en cómplices de situaciones que no aprobamos. Si no somos ajenos a la realidad que nos rodea, seguramente también nuestras vacaciones serán más ricas y llenas.

Carlos Buj, viajero y especialista en turismo sostenible
http://turismo-sostenible.net/